“La vejez es la peor
corrupción”
Thomas Mann
En estos meses los seguidores del boxeo vimos al reloj
ganando por knock out, ante el que yo considero el mejor boxeador argentino de
los últimos tiempos, Sergio Maravilla Martinez. Se escribió mucho al respecto
ya, defendiéndolo algunos pocos, defenestrándolo algunos muchos, que sin
entender demasiado del deporte se quedan en el flash de unos 7 rounds que no
resumen absolutamente nada. No tenía intención de escribir nada, pero hubo otro
hecho que detono el interés en el tema, la pelea de Roy Jones Jr, que ganó por
KO en el 5 asalto.
Sirven estos dos casos para aproximar una reflexión sobre el
paso del tiempo en los boxeadores. Es difícil evitar un paralelismo entre
ambos, con su estilo similar, con su clara superioridad en el ring. Es difícil
establecer cómo se decide que tan buenos so un deportista o un artista, se
pueden tomar tantos parámetros que resulta inabarcable, todo aquel que haya
hecho análisis de esta índole entiende desde cuantas sogas podemos tirar para
arrastrar agua a nuestro molino. ¿Es mejor caminar bien el ring? ¿Tener pegada?
¿Cintura? ¿Cardio? ¿Combinaciones?... ¿Cuánto importa el record? ¿Y la manera
en que se armo ese record? Etc., etc.
El ring es un espacio ajeno al espacio tiempo, durante tres
minutos y uno de descanso, las leyes que prohíben la violencia e incluso el
homicidio se borran, esos contendientes existen por fuera del mundo que
habitamos. Pero no dejan de ser humanos, las leyes sociales tal vez hagan un
parate, pero las leyes de la naturaleza no. El reloj corre aun más velozmente
que para nosotros, los huesos se vencen, los reflejos se oxidan.
¿Cuándo es el momento para retirarse? Debe ser una pregunta
que ocupa la mente de todo deportista de elite, también de supermodelos, de
todo aquel que vive de su cuerpo… pero el boxeo es distinto, en el boxeo te
están golpeando, en el boxeo a uno lo castigan. La carrera del boxeador no se
basa en cuán bien se puede pegar, sino en cuanto uno puede aguantar los golpes.
El retiro puede tantearse en los deportes grupales, un jugador de futbol puede ir
viendo cuanta nafta le queda e incluso en ese momento usar su cabeza en lugar
de sus piernas, por un tiempo obvio. Todo deporte deja tantear, incluso los
individuales, un partido malo de tenis no será una marca de la que todos
hablaran, simplemente se perdió un partido, es tiempo de retirarse tal vez… Pero
el boxeo es diferente… arriba del ring uno sufre, es el foco de todas las
miradas, en el boxeo a uno lo golpean… se arriesga a la muerte simbólica del KO,
o no tan simbólica. El castigo se acumula, cuando en boxeo llega el momento del
retiro, llega con todo, como un castillo de naipes que se desmorona ante una
brisa. Cada una de las victorias es una de las cartas superfluas, pero las
derrotas que las desmoronan… que duras son.
Realmente es difícil
ver a Hopkins y no abrir la boca de asombro, como esa noche se lo vio cometer
un pecado contra el sentido común, quitarle el invicto a Cloud a un joven ambicioso
y relativamente talentoso. La lógica del boxeo es el recambio generacional, los
jóvenes quitando a los viejos del camino, no al revés. A nadie se le ocurre que
sea al revés. Y el tipo sigue peleando, y lo siguen respetando. ¿Por qué él sí?
¿Por qué no aquel que le gano todos los rounds hace no tantos años? ¿Por qué se
dio vuelta la tortilla y el que perdió la revancha a papelones fue Roy Jones
cuando antes había sido al revés? El cuerpo y el cómo envejece no terminara de
ser nunca un misterio, el por qué uno y no el otro, es una constante en la
inquietud humana. Uno lo veía a Jones y se emocionaba. No se preguntaba si
ganaría, sino cómo y cuando, la primera pelea contra Hopkins fue un trámite.
Pero la segunda fue… lamentable, y no fue la peor que tuvo en los últimos años
ni por si acaso.
Maravilla tuvo una
actuación lamentable contra un medio pelo como Murray, uno de los que yo llamo
clase B (bueno, sí, pero solo bueno). Ganó la pelea por puntos y apenas, pero tendría que haber
sido un parate para el argentino. Debe ser difícil supongo, las ganas de
retirarse en una noche de gloria absoluta, venciendo a un buen rival que no sea
un paquete debe ser difícil de aguantar pero no era necesario para Maravilla
que salió de las sombras, ya medio viejo y conquistó el corazón de todos, con
un par de cinturones en el medio. Cotto es bueno, tuvo una de sus mejores
peleas, pero Maravilla en sus años mozos lo hubiera aniquilado. Verlo dio
escalofríos, imposible no recordarlo en una riña deslumbrante con Paul Williams
(de las mejores peleas de los últimos tiempos), ni que hablar de ese KO. Se
hablara luego del tema por supuesto.
Duele ver a los grandes en su humillación, los grandes
merecen irse con su llama ardiendo en las alturas, y no como una brasa que se
sopla en el suelo para que no se apague. El pecado del retiro tardío es muy
común, desde Ali, hasta Sugar Ray, hasta Maravilla y Jones. Pocos tienen la
sensatez de decir “hasta acá”, como Monzon, Marciano y, al parecer El Chino
Maidana. El punto justo es muy difícil, los fans somos demandantes, el negocio
es demandante, pero el peor enemigo del retiro a tiempo es el mismo boxeador.
No hay posibilidad de ir viendo, la caída es abrupta, la antinomia y el vaivén
entre el “me tendría que haber ido a tiempo” y el “la puta, creo que me
quedaban un par de cartuchos” es la crueldad del paso del tiempo en su máxima
expresión.
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